- TALLAS -

Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto: Original de Fernando Ortiz, del año 1757.
La imagen fue restaurada ,con motivo de su 250 aniversario por Manuel Carmona.

Siguiendo el relato de San Lucas (22,41 - 45), se presenta a Jesús de rodillas junto a un olivo del Huerto de Getsemaní, confortado por un ángel.

Si hacemos un poco de historia, el 1 de Noviembre de 1756, el Cabildo de la Hermandad de Jesús en la Oración en el Huerto, determinó la ejecución de una nueva efigie, “por hallarse la que tenía dicha hermandad de hechura antigua”, encargándosele la talla a Fernando Ortiz, escultor y académico malagueño, sin duda, el más importante y de mayor calidad de la Málaga del siglo XVIII.
Es, en este año de 1756, cuando Fernando Ortiz es nombrado especialista para el reconocimiento de nuevos yacimientos de piedras, con destino a la construcción del nuevo Palacio Real de Madrid, lo que le lleva a contactar con el arte de la Corte y asimilar aires europeizantes importados por los artistas extranjeros, preferentemente franceses e italianos que trabajaron en Madrid y, que transformarán por completo el universo creativo del artista malagueño, que a su regreso, infiltrará en la ciudad el nuevo arte y hasta cierto punto, lo elevará sobre la mayoría de los restantes artífices de la época, aún apegados al Barroco castizo.
Su estilo, cada vez más italianizante, conformará movidas composiciones, palpables en la imagen del San José de la Catedral de Málaga, el destruido San Sebastián de la Iglesia de Teba y la Inmaculada de mármol blanco del museo de Málaga.
Entre otras obras de Ortiz en nuestra ciudad podríamos citar las imágenes de santos que presidian las hornacinas de la Parroquia de Santiago o la Anunciación de las puertas del crucero de la S. I. Catedral, así como el esplendido retablo de San Rafael para este mismo templo, la imagen de la Virgen de las Angustias y Soledad, la de los Dolores de servitas o la Virgen de la Piedad de la hornacina de la fachada del Palacio del Obispo.
En el libro “El alma de la madera”, el profesor Sánchez López escribe que Ortiz imaginó al Señor del Huerto, arrodillado sobre un montículo rocoso, con los brazos extendidos y la mirada dirigida hacia arriba. La fuerza de la figura al tratarse de una imagen de vestir, se centra sobre todo en la posición implorante de las manos, con las palmas vueltas hacia arriba y la expresión desfallecida del rostro.
No obstante, el escultor pormenorizó cuidadosamente, todos aquellos aspectos concernientes al estudio corpóreo , estilístico y volumétrico de su obra. El cuerpo, de sobria, estilizada y bien modelada anatomía ofrecía una acertada visión realista del desnudo, prestando especial atención a determinados detalles somáticos tales como la complexión de la caja torácica, la apariencia nervuda de los brazos, el escaso pronunciamiento de la musculatura y el magnífico estudio de detalle realizado en el trabajo de los pies.
A la hora de seleccionar un criterio compositivo, Ortiz optó directamente por la versatilidad, un principio que le permitía jugar con la distribución rítmica de las masa escultóricas . La diferente posición y movimiento de ambos brazos, era equivalente al adelantamiento de la rodilla derecha respecto a la izquierda. Con ello se multiplicaban las siluetas y se enriquecían las perspectivas visuales.
No menos interesante era la solución dada al perizoma, ceñido a las caderas y muslos, a modo de calzón corto y con un pliegue en diagonal cruzando el área delantera.
El tratamiento del sudario a base de pliegues aristados que recordaban la textura angulosa del mármol, se relacionaban con fórmulas italianizantes de visible evocación berninesca, asimiladas por el artista durante su estancia en la Corte.
El rostro de tipo alargado, es especialmente hermoso. Las facciones se hallan esculpidas a base de golpes de gubia limpios y vigorosos, que señalan superficies y claroscuros de gran plasticidad. La talla de la barba en poblados y sinuosos machones, contrasta con el efecto pictórico de la perilla y bigote. La boca entreabierta y la dirección de la mirada se alinean con los intereses persuasivos del Barroco.

El erudito malagueño D. Narciso Díaz de Escovar ,menciona, en su obra, que al autor, se le pagaron por la realización de la imagen , la cantidad de 4.225 reales de vellón.
En 1931, el Cristo de la Oración en el Huerto resultó parcialmente destruido. En 1938 la imagen fue restaurada por Francisco Palma García, desdibujando las facciones originales, mediante repintes y capas de aparejo. Este escultor acopló a la efigie un candelero con el que se palió, provisionalmente, la pérdida del cuerpo primitivo.
En 1985, Ricardo Rivera Martínez realizó un profundo proceso que consiguió devolverle parte del antiguo esplendor, además de sanear la madera y eliminar parte de la reparación de Palma. Dicha intervención, consistió en la realización de un cuerpo anatomizado , distinto al original de Ortiz y la aplicación de unas nuevas carnaciones nacaradas a imitación de las originales.
Este año 2006, en el que se cumplieron 250 años desde que Fernando Ortiz, la Archicofradía para celebrar esta efemérides y rendir el mejor homenaje que se podía hacer a este artista y a su imagen más emblemática,devolviendole todo su esplendor y modificando las licencias impuestas por Rivera (modificación de la pierna genuflexa, cambiándola , talla como la original del perizoma, y estudio de detalle de los pies) La intervención en esta obra de Fernando Ortiz, dada su complejidad, y tras la preceptiva autorización de la Comisión de arte del Obispado de Málaga fue encargada a D. MANUEL CARMONA MARTÍNEZ, quizás el imaginero más importante y de mayor calidad del panorama artístico actual y que ha hecho realidad todas las expectativas que teníamos.
Nacido en Fregenal de la Sierra en 1938 , inició su aprendizaje en los talleres del gaditano José Ovando Merino, para posteriormente continuar en el de Manuel Escamilla Cabeza, José Lemus y, especialmente Rafael Barbero Medina, a quien considera su auténtico maestro.

Llegados a este punto, quiero justificar la no presencia de Manolo Carmona en este acto, debido a compromisos profesionales inaplazables, como es el montaje de las imágenes en el magnífico retablo que ha realizado para la Virgen del Rocio de Almonte.
Se ha de resaltar el hecho de que esta obra que se realizó para ser procesionada, lo ha sido de forma continuada y que quizás sea la única imagen no sustituida.
Podemos afirmar que no hay un Señor más malagueño y que mantenga esa estampa dieciochesca con la que fue concebido, pues si bien hubo intentos de innovación en su vestimenta y arreglo, en los finales de los años 60 y principios de los 70, la intervención como vestidor de D. Manuel Mendoza hizo que retornara a la estética clásica, recuperándose, así mismo, la sardineta como una de sus señas de identidad más significativas (en el periodo descrito llegó a ser sustituida por un cíngulo) El culmen de este regreso a la estampa para la que fue concebido se logra en el año 1999 con el estreno de la soberbia túnica con la que actualmente se procesiona.
La imagen es ahora más de Ortiz , que antes de la intervención realizada, ya que se le han restituido los brazos originales y tras la limpieza de los repintes que tenía, desde la intervención de Palma García, han permitido descubrir la policromía original que Fernando Ortiz dio a esta obra.

Nuestra Señora de la Concepción: Original Anónimo del siglo XVIII se atribuye a Fernando Ortiz.


Fue restaurada en el año 1978 por Eslava Rubio (Sevilla).
Luce, en su salida procesional, manto azul bordado en oro, plata y seda, realizado en los Talleres de Leopoldo Padilla (Sevilla, 1.947), reproduciéndose en el mismo, la imagen de un olivo.
Nuestra Señora de la Concepción lleva a sus pies media luna de plata, obra de Orfebrería Andaluza, S.L. (1995), según diseño de Salvador Aguilar (Málaga) y en su pecho lleva prendido un puñal realizado en oro y marfil, tambien diseño de salvador Aguilar y realizado en los talleres de Orfebrería Andaluza, Manuel de los Rios.

 
 
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